La caminata
_ Habia una condición puesta para esa caminata hasta el borde de la arboleda -continuó-. El guerrero tenía que andar con calma, indiferente. Sus pasos tenían que ser seguros y firmes, sus ojos tenían que mirar al frente, sin pena ni miedo. Tenía que bajar sin tropezar, sin volver la cara, y sobre todo sin correr.
Don Genaro
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